Razones por las que perdernos por Sidi Bou Said

Sidi Bou Said es uno de los destinos más bellos del Mediterráneo, gracias a su característico color azul y blanco que le convierten en uno de los pueblos tunecinos de obligada visita. Su particularidad hechizó y atrajo a un gran número de escritores, pintores, músicos y otros artistas de todas partes del mundo.

Este pueblo costero se ubica a tan solo 15 kilómetros al norte de la capital del país, sobre unos acantilados del Golfo de Túnez, lo que le otorga una ubicación privilegiada para admirar la belleza del Mediterráneo. En 1912, el barón Rodolphe d’Erlanger estableció en Sidi Bou Said su residencia y promulgó un decreto de protección del lugar que obligó a los habitantes a pintar y mantener las fachadas de sus casas de color blanco, exceptuando puertas, ventanas y rejas que se pintaron de color azul.

Sidi Bou Said constituye una escapada perfecta de uno o dos días para relajarnos y evadirnos del día a día en un lugar con encanto. Aquí van algunas de las razones por las que debemos perdernos por la ciudad:

  1. Su característico color azul y blanco. A nadie deja indiferente recorrer el pueblo por sus sinuosas callejuelas adoquinadas, con inmaculadas fachadas blancas y puertas y ventanas pintadas de color azul. Las ventanas están cubiertas con celosías moriscas y las puertas con motivos hechos con clavos. No hay lugar más fotográfico que este en Túnez.
  1. Sus impresionantes vistas. La situación de Sidi Bou Said, sobre altos acantilados, nos permite admirar la belleza de la ciudad y del mar desde encantadores y recónditos miradores. Destacan el curioso y alto mirador de Dar el Annabi, al que se accede por una escalinata en el interior de la casa típica de Dar el Annabi; el mirador del Café Sidi Chabaâne, en uno de los extremos de la ciudad, desde el que se tiene una vista magnífica sobre la bahía de Túnez y la doble cima del Djebel Boukornine, que alcanza hasta 576 metros de altura; y, entre otros, el poco frecuentado por turistas Ras Qatarjamah, junto al faro que lleva el mismo nombre.
  1. Sus cafés. Uno de los cafés más conocidos y pintorescos de Sidi Bou Said es el Café des Nattes (“Café de las esteras”), llamado así por su suelo cubierto de esteras. Nadie puede dejar de visitar este lugar para tomar un típico té con menta y piñones mientras sigue el vaivén de los caminantes. Al principio este lugar era la entrada monumental de la escalinata de la mezquita construida a ambos lados, a principios del siglo XVIII. Otra alternativa, muy cerca del Cafés de Nattes, es el Café des Delices (“Café de las delicias”), que constituye un perfecto mirador del puerto de la ciudad.
  1. El regateo con los comerciantes, todo un arte. En Sidi Bou Said podemos encontrar numerosas tiendas con productos típicos tunecinos y de la zona. La calle Habib Thameur es la principal para ir de compras y regatear con los comerciantes el precio de souvenirs y otros objetos. Esta calle, además, está cortada al tráfico, por lo que el ambiente es muy agradable y pacífico. La mayoría de los recuerdos típicos que encontraremos son artesanales y tienen un gran valor.
  1. Recónditos lugares. Perdiéndonos por sus callejuelas empedradas, podremos llegar a lugares con un encanto especial como jardines secretos, patios sombríos que solo observaremos asomándonos de incógnito por las puertas y, entre muchos otros, un pequeño cementerio musulmán.
  1. Un baño en la playa de la Mersa. Bañada por las cálidas aguas del mar Mediterráneo, esta pequeña playa es una de las más preciadas de Túnez, con dorada
    y fina arena que invita al relax.
  1. El puerto deportivo, que se encuentra a pie del alto acantilado de color ocre rojizo, junto a la playa de La Mersa, cuenta con una completa zona de ocio con restaurantes, bares y hoteles que no podemos dejar de recorrer. Nos impresionará por sus dimensiones, ya que alberga hasta 360 embarcaciones y yates de todo tipo.

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