Una gran Empresa española que duró 250 años

El pasado jueves 27 de noviembre se celebró en el Instituto de Directivos de Empresa la conferencia “El Efecto Manila en los negocios”. En ella, el ponente Francisco Moreno del Collado expuso la gran aventura marítima y comercial que supuso el Galeón de Manila, la ruta que comunicó la América española con Filipinas durante 250 años, y extrajo de ella valiosas lecciones para el mundo empresarial de nuestros días. 

El galeón fue, ante todo, una gran empresa”, planteó Moreno, y como toda empresa nació para dar respuesta a una necesidad: la gran demanda europea de especias, cuyo suministro desde las Islas Molucas (actual Indonesia) se vio limitado tras la toma de Constantinopla por parte de los turcos.

Dos potencias, Portugal y Castilla, trataron de explotar esa oportunidad de negocio buscando una ruta marítima que asegurara dicho suministro. Al igual que dos empresas en competencia directa, eligieron estrategias distintas (los portugueses buscaron rodear África, los castellanos llegar a las Molucas por el oeste), invirtieron en innovación para adelantarse al rival y negociaron entre ellas cuando fue necesario. Fruto de esa negociación se firmó el Tratado de Tordesillas, de 1494, que asignaba a distintas zonas de influencia a ambos competidores.

Castilla realizó una gran inversión en innovación e investigación, sosteniéndola durante 70 años “con una tenacidad admirable” para, en primer lugar, llegar a las Molucas (Magallanes, 1522) y, posteriormente, hallar la forma de retornar a través del Pacífico, pues el mencionado Tratado de Tordesillas impedía otras vías. El llamado Tornaviaje de Andrés de Urdaneta (1565), que por primera vez navegó desde Manila a Acapulco, fue “un proyecto bien ejecutado y mejor acabado” ya que la documentación exhaustiva que generó permitió el establecimiento de una ruta comercial permanente con Filipinas.

Pero, ¿por qué con Filipinas y no con las Molucas? Carlos I había renunciado a la posesión de estas islas en 1529 y se hizo necesario adaptarse a las nuevas circunstancias. Una nueva oportunidad de negocio surgió en China, que debido a las reformas fiscales conocidas como Single Whip comenzó a demandar grandes cantidades de plata, a la par que se descubrían en América varias minas de ese metal y nuevas formas de extracción que abarataban costes y aumentaban la producción. Con Filipinas como punto de encuentro, comenzaba a gestarse “el negocio perfecto”: el intercambio de plata americana por sedas y porcelanas chinas, que convertiría al real de a ocho castellano en “el dólar del siglo XVII, la moneda internacional por excelencia, que fue de curso legal en los EE.UU. hasta 1847”.

A partir de ese momento se estableció el Sistema de Galeones, “una empresa pagada por el Estado, pero manejada por los mercaderes”, que contaba con mecanismos tan avanzados como la Pancada, una central de compras de manufacturas chinas. Se trató de una empresa muy multicultural, en la que participaban mercaderes chinos, marinos filipinos o administradores españoles, hasta el punto de que ”Manila era considerada la ciudad más cosmopolita del mundo, donde toda nación contaba con una colonia”.

Particularmente cosmopolita era el puesto de piloto, ocupado por profesionales reclutados en toda Europa, que debían ser capaces de llevar a cabo un viaje que duraba 3 meses a la ida y hasta 5 meses en el retorno a Acapulco (“en aquel tiempo la prioridad era llegar bien, ahora es llegar deprisa”). Y es que, como apuntó el ponente “los Imperios no se sostienen por casualidad. Hay ejército, tecnología, innovación y, sobre todo, técnicos”.

En resumen, se trató de una sólida empresa que se extendió durante dos siglos y medio, que sucumbió ante el impulso del libre mercado en el siglo XIX y no ante los ataques enemigos (apenas 4 galeones fueron capturados en todo

ese tiempo) y que globalizó el comercio de productos de tres continentes que nunca antes habían estado conectados entre sí, cambiando su historia para siempre. Como señaló Javier Zardoya, Director General de IDE-CESEM, en el cierre del acto: “el Galeón de Manila es una buena muestra de lo que podemos lograr los españoles trabajando duro y juntos”.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *